sábado, 4 de octubre de 2014

Encuentro en sala violeta.

El aroma de las velas perfumadas saturaba la habitación violeta. La penumbra solo era interrumpida por la luz de las velas de un viejo candelabro que se encontraba en la polvorienta cómoda. Apenas se vislumbraban más muebles en el salón, salvo por un largo sillón verde lima, una pequeña mesa en el centro y la susodicha cómoda. Las paredes se veían adornadas por ídolos del jazz y papeles de periódico con el seguimiento de sus giras. Las llamas del candelabro vacilaron e hicieron bailar las sombras de la estancia. La luz rozó tímida el rostro de la dulce joven. Su pelo claro se tornaba de un bello tono dorado ante esta tenue iluminación, sus ojos enormes por la oscuridad encarnaban en sí la pureza de aquel que se encuentra a las puertas del infierno, su nariz respingona le otorgaba cierto aire inocente, pero su boca con sus carnosos labios recreaban un rostro sediento, deseoso, ahogado en lívido. Sus manos se deslizaban por su camisa de franela, recorriendo el contorno hasta sentir el vaquero y unirlas en la zona de la cadera. Era la silueta de una chica realmente atractiva. Al alzar los brazos ni la camisa pudo ocultar la naturaleza de sus tersos pechos y el ceñido pantalón colaboraba con su ya de por si vistoso trasero para formar la figura de lo que cualquier hombre habría llamado ángel. Se encontraba justo enfrente del sofá, en el que se encontraba un chico que aun arreglado presentaba un aspecto bastante desgarbado. Su pelo lacio sin llegar a ser largo amenazaba con mermar la poca visibilidad que tenía. Una frondosa barba cubría la parte inferior de su cara sin llegar a unirse con su estilizado bigote. Sus ojos, muy expresivos, conjuntaban con su madura nariz para dejar ver el rostro de un hombre enamorado del arte, sufridor de la vida. ¿Cuanto dolor habrán tenido que pasar para llegar a esto? La dulce niña se contoneaba frente a su atento espectador con una sonrisa pícara, aunque él parecía que era incapaz de creerse lo que estaba pasando. Dedos como de cerámica comienzan a desabrochar los botones del mancebo, uno tras otro hasta dejar su torso totalmente al descubierto. No estaba en forma pero era delgado y se le marcaban levemente los abdominales laterales, dándole cierto atractivo. Además tenía bastante pelo, destacando la zona superior del pecho y el bajo vientre. La chica se reclinó hasta ponerse sobre sus propias rodillas e inclinando su cuerpo hacia él lo agarró de las caderas y con abriendo la boca puso su lengua bajo su pectoral. Rápidamente comenzó a generar saliva y al lamer la zona se pudo oír como este exhalaba de una forma brusca. Sin apartar la cabeza de esa altura lo miró a los ojos y al cruzarse las miradas su amante pudo ver como esta temblaba de excitación. La muchacha entrecerró sus dientes entorno a su carne y el chaval notó al momento como sus músculos se tensaban ante el dolor. Soltó el bocado y recorrió desde ese punto hasta su cuello trazando un camino de saliva. Sus manos se apoyaban sobre su abdomen mientras él permanecía totalmente quieto. Al fin encontraron sus miradas a la misma altura. Procedieron a besarse apasionadamente. Sus labios se encontraban entre acometida y acometida, y sus lenguas permanecían en contacto en todo momento. Se sentó sobre sus piernas posando sus nalgas sobre sus muslos y rodeando sus caderas con sus piernas. Se acariciaban mutuamente mientras a la par se movían sus cabezas deseando aplazar el final del beso. La saliva comenzaba a derramarse de sus bocas mientras sus lenguas se batían ferozmente intentando rodear a la otra. Otra vez los dedos de muñeca botón tras botón se deshicieron de otra camisa y tras liberar un cierre sus senos se mostraron palpables sin ningún tipo de barrera. El amante fascinado tomó uno en cada mano. Unos pechos tersos, tan tiernos al contacto se vuelven duros ante la presión y, sobretodo, tan cálidos... Él ya se veía también tembloroso por la lubricidad. Al apretar esta vez fue ella la que se mostró tensa, obligada a dirigir la mirada al techo para emitir un profundo gemido. Al volver a mirarle volvió a posar sus labios sobre los suyos mientras él se deleitaba con sus prominentes senos. Estaba tan roja que parecía tener fiebre cuando dejando resbalar sus manos desabrochó el cinturón de su amado. Poco a poco consiguió desvestirle totalmente para proseguir al terminar con ella misma. Ella a penas tenía vello y aun sin la ayuda de su pantalón su culo se mantenía firme. Colocó sus pechos contra sus rodillas y cubrió su pene con un preservativo, un pene que crecía en una ingle con bastante pelo. Su mano se cerro entorno al miembro y con un suave movimiento de muñeca la deslizaba de arriba a abajo. Reclinó su cabeza y acarició su glande con la lengua lentamente con una presión considerable. El chico tuvo que cerrar los ojos por el agradable escalofrío que recorrió su cuerpo. Cerró sus labios y apoyando su lengua debajo del falo se propuso hacerlo profundizar más en su cavidad oral. Así se adelantaba y reponía su posición de forma continua a ritmo constante. El joven la agarraba de la cabeza rígido soltando gemidos ahogados. Ella terminando procuró permitirle estar lo mas al fondo que su propia virtud le permitiese, llegando hasta la garganta dejó derramar saliva de nuevo, esta vez por el éxtasis. Al sacarlo de su boca se pudieron ver los grandes hilos de babas colgando desde este hacia su boca. La bella chica se mordía el labio inferior del ansia. Se puso de pie encima del sofá y al volver a sentarse procuro hacerlo sobre sus genitales. Ella ya se encontraba chorreando por la excitación. Al ir a ello nada mas introducir la punta su cuerpo se estremeció. Soltaba sollozos y su mirada estaba vidriosa. Poco a poco fue introduciendo el resto. Se preguntaba hasta donde podría llegar. Claramente le dolía, pero el inefable placer del momento y todo lo que ha transcurrido hasta él la permitían continuar. El zagal sentía la húmeda y estrecha vagina abrazándolo con fuerza. Cogiéndola de las caderas la elevo para hacerla volver a caer, Una vez tras otra con un ritmo cada vez mas acelerado. Sus pechos se levantaban para volver a chocar contra sus costillas. Ambos jadeaban empapados en sudor mirando el uno al otro de forma vaga e imprecisa. Los gemidos de la joven iban en aumento mientras el chico aumentaba la velocidad en cada vez más silencio. Arremetió con las fuerzas que le quedaban y esta soltó un alarido que sobrecogió la silenciosa estancia. Él fue aminorando el ritmo mucho mas relajado, con la mirada totalmente perdida y luchando por respirar. Ambas figuras sudorosas permanecieron quietas durante bastante tiempo. Simplemente contemplando el vacío.

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